La Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias y el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife presentan la exposición Siempre son otros los que mueren, cuya inauguración tendrá lugar el jueves 17 de abril, a las 20,30 horas. Esta muestra de carácter multidisciplinar reúne la obra de once artistas canarios, procedentes de diferentes Islas, Berlín y la Península, a los que se les ha invitado a “trabajar sobre su propia muerte, muerte en primera persona”.
Comisariada por Oscar Hernández, esta colectiva esta compuesta por fotografías, pinturas, vídeos, esculturas e instalaciones y permanecerá abierta al público hasta el 17 de mayo. Sus autores son los artistas Alby Álamo, Manuel Cruz, Juan José Valencia, Beatriz Lecuona, Ubay Murillo, José Antonio Otero, Teresa Arozena, Adrián Alemán, Israel Pérez-María Requena, Lena Peñate y Ramiro Carrillo.
Siempre son otros lo que mueren es una exposición incluida en el programa de Salas Concertadas de la Viceconsejería de Cultura que se expone en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife y que se trasladará con posterioridad al Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria y al Centro Juan Ismael de Puerto del Rosario, en Fuerteventura. Para esta exposición se ha invitado a un grupo de artistas canarios a repensar el tema de la muerte pero con la peculiaridad de que han de hacerlo en primera persona, es decir, reflexionando sobre su propia muerte, tal y como lo hizo Marcel Duchamp al escribir el epitafio de su tumba: “Siempre son otros los que mueren”.
Texto de Óscar Hernández Rembrandt, haciendo alarde de un ejercicio de impostura, tuvo la osadía y picardía de fingir su propia muerte para evitar temporalmente a sus acreedores; en otras palabras, el pintor se hizo el muerto para no hacerse cargo de sus compromisos. Este ejemplo de muerte fingida que sirve para encubrir lo que ocurre en vida, lo que está teniendo lugar, nos ayuda a entender, en cierta forma, el planteamiento de lo que esta exposición no es. En esta muestra participan artistas a los que se les ha hecho un encargo: trabajar sobre su propia muerte, muerte en primera persona. Pensar la propia muerte conlleva una extrema dificultad, ya que la muerte propia está todavía por morir, por lo que sólo se puede conjugar el infinitivo “morir” en tiempo futuro. Para ello es necesario un desdoblamiento que posibilite la distancia imprescindible para asumir este encargo como un ejercicio de ficción. Esta ficcionalización del acontecimiento Morir es opuesta a la treta de Rembrandt, dado que en el caso del pintor la muerte es fingida en pro de una suplantación que solapa el descanso eterno y las refriegas de la vida. En el caso que nos ocupa, la pirueta que asiste a la ficción de la muerte propia es precisamente la que nos permite ajustar nuestras cuentas ahora, hacernos cargo a través de las formas verbales del pasado-presente-futuro para ejercitar la conciencia de un yo contingente. Los artistas presentes en esta exposición asumen el encargo desde múltiples puntos de vista ( no podría ser de otra forma, ya que vida y muerte pueden desplegar variantes infinitas ) que van poniéndose en contacto como si pudiéramos trazar una sutil línea de visiones en común. Todo ello es modulado a través de diferentes propuestas retóricas tales como: la celebración de la repetición desde el anonimato de una habitación de hotel hasta la bioética, el acontecimiento efectivo y el acontecimiento que tiene lugar, el paso hereditario del testigo, el retiro voluntario, la construcción del relato personal y la memoria, etc. La deriva que suscita en los artistas el tema de su muerte viene a conformar una suerte de constelación moriturus que nos invita a reflexionar sobre una cuestión que en sí aglutina todas las demás cuestiones, sobre un continente que siendo la nada lo contiene todo; nuestra propia muerte. Así lo hizo Marcel Duchamp cuando dejó escrito el epitafio de su tumba: ÉPITAPHE: /...ET´D´AILLEURS/ C´EST TOUJOURS LES AUTRES QUI MEURENT * *EPITAFIO: / ...Y ADEMÁS/ QUIENES MUEREN SON SIEMPRE LOS DEMÁS |