La muestra ha sido presentada hoy, en rueda de prensa, por el viceconsejero de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, Alberto Delgado, acompañado por la comisaria, Miriam Durango, y de los artistas Ursula Damm y Kyota Kimura.
Vito Acconci
Comenzó como poeta a principios de los 60, pasándose al mundo de la performance, el sonido, y al final de la década al vídeo.Sus tempranas performances fueron muy controvertidas, transgresoras entre lo público y lo privado. Posiciona su propio cuerpo como sujeto y objeto de trabajo simultáneamente. Desde finales de los 70 Acconci ha diseñado instalaciones arquitectónicas para espacios públicos.
En esta exposición presenta su vídeo Undertone (1972), en él, Acconci se sitúa sentado delante de una mesa y habla al objetivo que identifica con el espectador, acerca de sus fantasías sexuales.
Thomas Köner
Este músico electrónico, trabajó hasta 1994 para la industria cinematográfica como editor e ingeniero de sonido. Fue ampliando sus conceptos de tiempo y sonido hacia el mundo de la imagen, resultando de ello video instalaciones, fotografías y cine. Tanto su música como sus imágenes están caracterizadas por un vacío dramático.
Köner presenta el vídeo Suburbios del vacío (2004), en el que habla de los conceptos de vigilancia y vacío. Durante el invierno 2003-04 el artista recopiló de Internet 3.000 fotografías tomadas por cámaras de tráfico. Las imágenes muestran el vacío y la nieve que cubre las calles por la noche.
Dariusz Krzeczek
Vive y trabaja como artista en Viena, dedicado al vídeo, la performance y la instalación. En esta ocasión, participa en la exposición Vigilancia y Control con su obra Luukkaankangas (2005) en formato de vídeo. El título está tomado del nombre de un pueblo del norte de Finlandia. Las webcam de la Finnish Road Administration, graban permanentemente imágenes de las principales carreteras, con intervalos de entre 15 y 30 minutos, de tal forma que los fineses pueden decidir salir de sus casas o no, dependiendo del tiempo.
Chris Oakley
Este artista trabaja el vídeo y la imagen digital, centrándose en la experiencia mediatizada en sus múltiples formas, y en la crítica a los medios empleados por los mass media. Desde hace unos años sus trabajos han sido apreciados a nivel internacional, siendo mostrados conjuntamente con artistas de la talla de Tony Oursler, Jozef Robakowski, y Pipilotti Rist.
Oakley presenta en el marco de la exposición Vigilancia y Control el vídeo El Catálogo (2004), que sitúa al espectador observadores de una humanidad evaluada y definida a través de sus capacidades de consumo y posibles necesidades.
Mike Stubbs
Este artista y cineasta adopta frecuentemente el estilo documental. Sus trabajos abarcan los campos del cine, video, instalaciones, performances y comisariados..
Su vídeo Cultural Quarter (2003) es una mirada precisa a la realidad cotidiana de un suburbio británico. Entre el reportaje y el voyerismo social, a través de sus movimientos sutilmente editados, este trabajo cuestiona los conceptos acerca de “ellos y nosotros”, coherencia social, y la ética sobre la que “familia” y “sociedad” están construidas. Es un cuestionamiento de la ética de los sistemas de vigilancia, la mirada y el comportamiento humano.
Ryota Kimura
Artista y programador, Kimura se ha dedicado a la instalación interactiva, así como al estudio e investigación de temas relacionados con la interrelación entre arte, tecno/cultura y sociedad.
Participa en la exposición Vigilancia y Control con la instalación interactiva denominada S.U.I. (Smart Urban Intelligence), una caricatura de una situación de futuro próximo. Es una mezcla entre realidad y ficción.
Ursula Damm
Ursula Damm comenzó en 1995 a desarrollar instalaciones interactivas dedicadas al movimiento de las personas en el espacio público. En su obra In/Outsite II (1999/2008) el punto de partida es la descripción espacial de los individuos y la utilización de estos para crear estadísticas.
Paul Kaiser y Shelley Eshkar
Son artistas digitales especializados en la captación de movimientos aplicables a la danza, a veces mostrados en forma de instalaciones y otras en forma de proyecciones escénicas. Pedestrian (2002) ha sido su primer trabajo fuera de los espacios escénicos y con el que se convirtieron en sus propios coreógrafos. Es una proyección digital sobre un mundo sintético en 3D percibido como a través de un profundo agujero en el suelo. La obra examina el comportamiento sumiso y gregario de las multitudes. Utilizando técnicas de captación de movimiento, pidieron a ocho personas que se embutiesen en ajustados trajes, sobre los que se habían instalado reflectores en puntos estratégicos.
Isabelle Jenniches
En sus series fotográficas y de performances, busca la intersección entre el espacio físico y el virtual. The call (2005-2006) es un díptico en el que se refleja un panorama compuesto que describe el proyecto de expansión del área monumental del Centro de Convenciones de Vancuver.
Knowbotic Research
Fue fundado en 1991 por Christian Hübler, Yvonne Wilhelm y Alexander Tuchacek, quienes dirigen actualmente el Mem_brane Laboratory para estrategias mediáticas en el Cologne’s Media Park, con la participación de Westbank Industries y Tactile Technology.
Presentan la obra Be Prepared ¡Tiger! (2005-2006). En el vídeo se observa una versión de las lanchas de camuflaje de la gerrilla Tamil (Tiger) rescatada de un vídeo de propaganda encontrado en Internet. Con este proyecto, los artistas juegan con la dialéctica de visibilidad e invisibilidad implícita en la tecnología moderna.
Texto de Miriam Durango, comisaria de Vigilancia y control
La vigilancia institucional y la vulneración de la privacidad han sido temas recurrentes en la obra de los artistas de las nuevas tecnologías. Es el cuestionamiento de la libertad y privacidad en el espacio público y privado, en una época de vigilancia omnipresente, en la que gobiernos y multinacionales se valen constantemente de tecnologías de localización para captar sin permiso los rastros que vamos dejando. Ahora más que nunca estamos bajo control. A través de nuestras tarjetas de crédito, de nuestros teléfonos móviles, navegando por la web o simplemente caminando por la calle, utilizando los transportes públicos o adentrándonos en cualquier espacio público, vamos dejando una huella tras nosotros.
La vigilancia como espionaje fue motivo de interés para los artistas desde los comienzos de la vídeo tecnología. Inicialmente, el interés por las prácticas de vigilancia no sólo estuvo inspirado por las prácticas policiales, sino también por la propia naturaleza de la televisión que parecía estar constantemente mirando al espectador, incluso aunque este no la mirase. De aquí se desprende la pasividad del espectador ante la pantalla. Los artistas iniciales que trabajaron estas áreas trataban y se esforzaban en comprometer al espectador a través de una respuesta hacia el objeto mirado. Mostrándolos, muchas de las veces sus respuestas eran de inquietud o enfado.
Las prácticas tempranas de la videoinstalación ya incluían la participación del espectador sin que éste lo supiese, a través de videocámaras. Les Levine en 1966 grabó y mostró en una serie de monitores las imágenes de los visitantes; esto produjo estupor. Bruce Nauman en 1968 exhibió su Video Corredor, claustrofóbico túnel provisto de sendos monitores al inicio y al final, que reproducían la imagen del visitante mientras lo recorría. El resultado era más que inquietante. La crítica Margaret Morse escribió acerca de su propia experiencia, “fue como si mi cuerpo se hubiese separado de mi propia imagen, como si el suelo ya no necesariamente estuviese bajo mis pies”.
Es así como el espectador se transformó en performer, un punto de vista totalmente nuevo. Al contrario que en las estrategias de Happenings, en las que los espectadores ya estaban predispuestos a la participación, el espectador que asiste en un museo a una instalación de estas características carece de estas expectativas. La privacidad de la experiencia contemplativa es invadida, pasando de ser observador a ser observado; esto era algo con lo que desde luego no se contaba.
En otros casos, los artistas (Nauman y Acconci) volvieron las cámaras hacia ellos mismos en lo que se podría describir como una autoimpuesta performance vigilada. La artista Sophie Calle con su pieza La Sombra (Detective) representa la fusión perfecta entre las percepciones alteradas de Nauman y las autoperformances de Acconci. La artista contrata a una agencia de detectives para que la siga, de cuenta de sus actividades, para “proporcionar una fotográfica evidencia de mi existencia”.
En Empire (1964) de Andy Warhol, lo que se explora es la representación del tiempo en un ejercicio de duración extrema. En esta película de 8 horas de duración, la cámara lo que enfoca es el Empire State Bulding, desde la caída del sol hasta el amanecer, en una prolongada toma estática que traslada nuestra atención, ante la ausencia de acción y de movimiento de cámara, hacia la estructura del edificio, los efectos de luz, el cielo y sobre el acto mismo de observación.
Las obras de similares características que emplean la webcam son un ejercicio de compresión temporal.
Es así como desde mediados del s. xx, la literatura, el cine y el arte han concedido una atención cada vez mayor a la vigilancia y el control. Desde la novela 1984 de George Orwell, publicada en 1949, hasta el film La conversación (1974) de Coppola, la vigilancia ha sido retratada como la sombra amenazante del poder gubernamental o empresarial. Sin embargo hacia finales del s. xx, la actitud hacia la vigilancia ha ido ganando en ambigüedad. Si bien la preocupación por la invasión de la esfera privada sigue vigente, la vigilancia se considera ahora un mal necesario que protege al inocente de abusos, delitos y terrorismo. “Vigilancia”, su argumento es la inseguridad como una consecuencia del desorden social, político y económico. Es la conversión de la tecnología militar en civil. Seguridad versus intrusión, en la vida privada como en la vida pública se vuelven justificables, convirtiéndose en sustitutos del ideal de sociedad libre.
Desde el 11 septiembre los sistemas de vigilancia se han multiplicado ganando legitimidad política.
La seguridad en nuestro mundo contemporáneo nos ha llevado a una sociedad de la vigilancia reestructurando los centros de poder, diluyendo las fronteras entre lo público y privado, y cambiado nuestra percepción de las dimensiones espacio/temporales. Una de las consecuencias más significativas ha sido la desterritorialización física, psicológica y social, yendo más allá de los territorios geopolíticos señalados por Deleuze y Guattari hace más dos décadas. Esta nueva cartografía no sólo afecta al mundo material sino también a la subjetividad humana. Es como si el mundo definido por Guy Debord se hubiese invertido: el inmenso caudal de información se ha acomodado, aboliendo o encubriendo la espectacular relación entre los objetos y las imágenes. Cuanto más el individuo se integra con la máquina, las fronteras se vuelven más imprecisas.
Sabemos que la pérdida de privacidad por las tecnologías de vigilancia y el control legislativo generan cierto estremecimiento. Políticamente hablando se está a favor de desmantelar la esfera privada como mal necesario en la guerra contra el terrorismo, pero para la sociedad civil, tener que ceder libertad a cambio de seguridad, es una mala cuestión. El término “público” designa el espacio común compartido por todos. El mundo está constituido por la mente humana al mismo tiempo que por la interrelación de todos los individuos, el espacio compartido por todos. La esfera privada es el punto de partida y precondición de la esfera pública, lugar donde se producen las bases para una crítica de corrección del poder. Vivir sólo en la esfera privada significa antes que nada estar privado de cierta esencia humana. La ausencia de sentimientos interpersonales ha sido la consecuencia de la sociedad de masas que ha destruido tanto la esfera pública como la privada. La lógica de la Sociedad Industrial induce a un espacio público muerto. Cuando cada uno de nosotros nos encontramos y tenemos a los demás bajo vigilancia, la sociabilidad disminuye, y el silencio se convierte en la única manera de protección. La transparencia no conduce a la interacción social. Sin la protección de la esfera privada, la gente se retira. El individuo necesita cierta distancia frente a la intimidante observación de otros para poderse sentir sociable. Cuando la máscara se hace ausente aparece el “terror de intimidad”.
La privacidad es la base de la libertad y autonomía del individuo, es la zona donde podemos encontrar un descanso a nuestro papel público, donde podemos formar opiniones y expresarnos sin riesgo, y donde compartir secretos. Es lo que nos va a permitir el seguir funcionando como individuos políticos. En nuestra práctica actual hay muchas maneras de ofrecer una “resistencia creativa”, claro ej. de ello son el buen número de intervenciones artísticas que golpean el sistema con sus propias armas.
Hoy día todo puede ser descrito gráficamente, nuestros comportamientos son estadísticas. La visión de una sociedad perfecta basada en el control a través de la información proporcionada tecnológicamente, es un fantasma que se cierne sobre nosotros. Al tiempo que el ciudadano se vuelve transparente a nivel estatal, el poder ejecutivo gubernamental se toma la libertad de expandir una información clasificada como secreta. La protección de la esfera privada podría definirse como el control del acceso a la propia persona.
Pero incluso, la vigilancia ha dejado de ser una nueva tecnología de control militar y policial, para convertirse en una forma de entretenimiento en alguno de los casos, véase los reality shows tipo Gran Hermano, en el que los concursantes acceden a someterse a la observación constante por parte del público. La vigilancia como fuente de voyeurismo y exhibicionismo.
El cuestionamiento de términos como Transparencia, Visibilidad y Acceso se hace inevitable.
Transparencia es el nombre dado al control sobre la visibilidad, y vigilancia es la técnica que occidente emplea para el control de esta transparencia. De esta manera la transparencia se ha convertido en noción fundamental política, económica y del discurso mediático. La transparencia pretende desbancar la invisibilidad, hacerlo todo visible. Ahora lo invisible es la distancia que separa al individuo de lo real. La transparencia se ha convertido en democrática creencia y en valor; una nueva figura de visibilidad. Por otro lado, el referente de la sociedad contemporánea podría definirse como el derecho al acceso. Acceso a la información, servicios, actividades, lugares u objetos. Temor/diversión, obsesión/fascinación, control/resistencia: es imposible determinar quién se encuentra actualmente bajo control.
Adiós a la privacidad
Los trabajos que aquí se presentan son el vehículo de este mensaje. El epicentro sería la infiltración entre realidad y artificialidad.
¿De qué medios disponemos para controlar las intrusiones de control llevadas a cabo por las tecnologías de vigilancia? ¿Cómo podemos evitar la pérdida del control de nuestra individualidad? ¿Qué tipo de estrategias nos permitirán reinventar nuestra privacidad en la transparencia de un mundo digital?
¿Cómo podríamos reventar la preconfigurada esfera pública virtual de la industria del entretenimiento y moldearnos una nueva? ¿Cómo podríamos hacer para que nuestra sociedad de la diversidad se sostuviese en ese nuevo reino público emergente?
La meta de los artistas es traducir el flujo de información y energía que nos rodea, que no puede ser vista ni oída (y que por tanto permanece fuera de nuestra realidad y nuestra conciencia), en experiencia perceptible, traduciéndola, haciéndola más visible y por tanto concienciándonos, y que nos enfrente a un desacostumbrado punto de vista en el que nos reconozcamos como una enorme fuente de manipulación humana. |