| Paisaje esencial nos aproxima al quehacer
reciente de Ildefonso Aguilar en torno al
tema central de su obra, el paisaje volcánico,
la reflexión sobre la topografía insular y la integración
de diversos lenguajes expresivos.
Nos situamos ante otra visión, diferente y necesaria.
No olvidemos que la esencia de las cosas resulta invisible a la mayoría; sin embargo,
Ildefonso Aguilar tiene la capacidad de retomar la
Naturaleza como un texto común, sacando del
olvido una realidad desdeñada por la hipertrofia
urbana que nos hacina y aliena.
El artista nos habla de su vivencia personal y al
hacerlo nos desvela su honda capacidad para
reescribir en cada obra fragmentos de su intimidad
con el entorno, que fue relegada cuando tratamos
de encontrar desde el conocimiento una
lógica al territorio y decidimos hacer ciencia marginando
el poder revelador de la intuición.
Frente a la comprensión física o biológica del
mundo emprendida desde la ciencia o la representación
de la Naturaleza desde la inmediatez de
la mera visualidad, la verdad natural requiere ser
expresada tal y como sale al paso, con la misma
sencillez con que se manifiesta por primera vez y
siempre que el diálogo con el paisaje nos permite trazar el horizonte o abarcar el infinito con nuestro
anhelo. De ahí, el poder revelador del trabajo de
Ildefonso Aguilar.
La muestra Paisaje esencial recorre piezas
plásticas de naturaleza diversa, creadas por
Ildefonso Aguilar en la última década: pinturas,
fotografías e instalaciones audiovisuales que traslucen vivencias y sensaciones de quien vive la insularidad desde una sensibilidad integral.
Se exponen obras pertenecientes a las series
Gestos del paisaje y Paisajes inhabitables (1995);
Espejismos, Desiertos, Malpaíses y Toward the
night (1996); Arenisca (1997); Guardilama, Noviembre
azuly La piel del malpaís (1998); Sarandib
y Deep blue (1999); Paisajes audibles (2001);
Soledades y Ventanas al paisaje (2003);
Ikebukuro y Paisajes sumergidos (2004). Estas
obras acompañan a su trabajo actual, Paisajes fragmentados, Huellas y Paisajes esenciales
(2005–2006), realizadas para el espacio expositivo
del Centro de Arte La Regenta, en Las Palmas
de Gran Canaria. |
Trabajar series, en el caso de ldefonso Aguilar,
responde a un impulso inicial, a un trabajo sistemático
y a la necesidad de revisitar temáticas propias
abiertas a nuevas respuestas. Incluso trabaja
en ellas de manera simultánea. En su propio título,
aportan claves para la comprensión de una
posición ante el paisaje insular y volcánico de Lanzarote, pero también de Islandia.
La percepción de procesos erosivos diferentes,
un mismo paisaje volcánico con cárcavas y
escorrentías que cada verano redibuja el deshielo
con sus hilos de agua, y la ausencia absoluta
de vegetación en las arenas morrénicas... componen
otro texto, que Ildefonso Aguilar lee e interpreta.
En las cenizas negras de Lanzarote, en el
vacío nocturno de cualquier latitud, bajo la superficie
de la lava o del océano Aguilar encuentra nuevas
visiones y sentimientos.
Y desde el silencio, que ya estaba presente en
su obra anterior, y de forma explícita en “From the
depth of the silence” (1999), ahora se muestra
renovado: surgen voces islandesas de sus nuevas
vivencias para el título de sus obras y series, destiladas
por el recuerdo en su estudio de Lanzarote:
Steinasandur (montaña de arena), Skeidarársandur
(desierto de arena) y Eldhraum (malpaís).
Al diseñar esta muestra nos ha movido el
anhelo de crear un espacio para el encuentro de
visiones del paisaje de Islandia o Lanzarote. El
resultado no es una yuxtaposición de realidades
diferenciadas: descubrimos encuentro, compenetración
e incluso síntesis, porque esta conjunción
potencia y enfatiza la visión de Ildefonso
Aguilar acerca del paisaje volcánico y los paisajes
insulares. |
También nos ha guiado el deseo de dotar esta
muestra de cierto carácter retrospectivo. Un recorrido
en el tiempo y por los espacios de su creación
exigía la integración de diversas topografías. Esta intención la acentuamos incorporando un área de documentación en la que se sintetizan
otras facetas importantes del artista: el trabajo editorial,
su personal diseño para el catálogo de sus
exposiciones y, especialmente, el proceso integrador
de diversos lenguajes expresivos, a través
del visionado de trabajos pioneros, como Penetraciones (1983), Tensión (1987) y Deep
blue (1999) que permiten comprender la fusión
progresiva de la música, la fotografía y la pintura experimentada por Ildefonso Aguilar, hasta alcanzar
la total fusión que caracteriza a las instalaciones
realizadas para esta muestra: En torno al paisaje
y Paisaje esencial (2006).
Llamamos así la atención sobre el papel fundamental
que juega la música en toda su obra: sonidos
de la naturaleza, música compuesta por él
mismo, o creaciones de otros artistas, como “Sarandib”, a partir del tunecino Anouar Brahem,
o “Toward the night”, inspirada en la obra de
Somei Satoh del mismo título. Músicas que llenan
el espacio lávico donde trabaja y se disipan en la
brisa que acaricia el malpaís donde ha situado su
estudio. En ocasiones se trata de compositores
que han visitado la isla invitados por Ildefonso
Aguilar para participar en el Festival de Música
Visual de Lanzarote, como ocurre con Brian Eno
cuya obra Thursday afternoon inspira la instalación “Tensión”. |
Paisaje esencial es, en definitiva, título de esta
exposición, pieza singular, definición de un proceso
creativo y proclamación de la madurez de un artista que, inevitablemente sugiere entre todos los que
se aproximan a su poética una reflexión sobre
aspectos filosóficos acerca de la interacción entre
hombre y Naturaleza, sobre el trasfondo de esa relación, más allá de los límites de la representación.
En escasas ocasiones puede señalarse el logro de una comprensión definitiva de la obra de
un artista. Las visiones antológicas que aportan
José Saramago y José Corredor Matheos, escritores sensibles a la creación plástica, a la naturaleza
y al paisaje, apoyadas sobre el estudio de las
obras seleccionadas para esta muestra, tienen la
virtud de esclarecer una poética y, a la vez, de desmenuzar
el significado singular de las obras y el
sentimiento del individuo ante el paisaje volcánico.
Ambos autores coinciden al reconocer la coherencia que preside el proceso creativo de
Ildefonso Aguilar; un proceso diverso, unitario y
sugestivo, que, en los últimos diez años, se ha
desvelado plagado de hallazgos y certidumbres.
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