| Los bordados filigranas de Julio Cañero | AGUSTIN QUEVEDO / 1983 |
A Julio Cañero
lo conocimos, casualmente, una madrugada en su estudio de la zona del Puerto.
Trabajaba desde hacía muchas horas, pero con un entusiasmo capaz de levantar
la moral al más depresivo. Aquella madrugada insólita nos habló
de esa vocación heredada de los orfebres cordobeses -él es un
andaluz ensimismado en sus pensamientos- y de una trayectoria y tradición
familiar que le ha dado, en cierto modo, las auténticas señas
de identidad como artista. Ahora, al cabo de meses, Julio Cañero ha traído
toda aquella obra realizada pacientemente en su estudio para exponerla en uno
de los salones del Gabinete Literario. Y se trata de una obra que vale la pena
de verse, porque Julio Cañero es un artista en toda la plenitud de la
palabra, un pintor que realiza su obra usando el bordado. Es una forma, como
cualquiera otra, de expresar lo que el artista siente. Él llama a sus
cuadros "filigranas bordadas", y en ellos se puede apreciar para aquellos
que sean curiosos de la técnica del bordado, el tremendo trabajo artesanal
que ha supuesto la realización de esta obra.
Pero lo menos que necesita Julio Cañero es que se le admire esa labor
artesanal -que no es lo de menos-, sino el valor de la obra partiendo del planteamiento
creativo. Si ha sacado el bordado del cuarto de costura ha sido para elevarlo
a un nivel más trascendente: al de obra de arte. Y esto lo consigue con
creces Julio Cañero; lo consigue creando formas, fabricando motivos,
imaginando dimensiones donde la revelación plástica se funde con
unos equilibrios llenos de expresividad. Cuadros que -y son sólo ejemplos
entre todos- como Punto y jazmín, Niña y muñeca, Juegos
de niños, Flores sin verde, Ocaso, La dama de la noche, Elefante de sueño,
La dama de la lluvia, etc., simbolizan toda una serie de situaciones en las
que la poesía aparece como sector principal y característico.
El bordado -esas filigranas que realiza Julio Cañero con la aguja y los
hilos- no es más que la materia precisa para rellenar lo que ha imaginado
el artista sobre el espacio de la tela.