| Cañero: del paño al mural | JONATHAN ALLEN / 2002 |
Julio Cañero
empezó su pintura bordada representando flores y tallos vegetales que
surcaban el fieltro negro de su paño en quebradas líneas. El color
era entonces restringido y las formas eran agrestes. Aún entonces, hace
ya tres décadas, el artista sugería un universo de ricos y abstractos
valores visuales, un imaginario que nos remitía a un sistema simbólico
propio. Parcialmente arraigado en la psicodelia de los años 60, aquel
panorama inicial del bordado de Cañero queda ya lejano. Por ello no pierde
su valor pues lo que sí apuntaló el autor desde aquellos inicios
era su intención de atrapar en el paño negro las filigranas de
lo oculto y de lo visionario.
Las estrategias formales de representación que persigue el artista se
esclarecen cuando pensamos en que el hoy exuberante imaginario del bordador
hace referencia a profecías y símbolos del zodiaco, a ruegos,
rezos y conjuros. En el plano pictórico, los símbolos elegidos
son recurrentes. Por una parte esferas, triángulos y trapecios, que giran
en el vacío. Uniéndolos encontramos majestuosas líneas,
que describen volutas, espirales y grandes arabescos, encabezados por la aguja
del bordador, su signo caligráfico. Lo que suponemos y entendemos como
ornamento puro y adorno, cobra un significado mántrico y obsesivo, y
abre su sentido profundo a través de una letanía bordada.
En la inercia negra de sus soportes Cañero congela y despierta sucesivamente
el movimiento. Miles de paradas y de arranques conforman el ritmo tiránico
del bordado. La imagen que encierra la alfombra oriental es tan potente y duradera
porque su proceso icónico es nítido y definido a priori, y es
la síntesis más completa que encontramos del dibujo y del diseño
en sus acepciones más arcaicas. Lorenzo Lotto, un genio del Renacimiento
italiano, no dudaba en incluir suntuosas alfombras persas y afganas en sus retratos,
donde éstas aparecían como espléndidos tapetes de mesas
o si no como tapices. Lotto, como Cañero, era un adepto de los significados
ocultos y de los mensajes encriptados, que tejía siempre alrededor del
nombre de sus personajes. Quien no vea más allá de la imagen sensual
nunca comprenderá nada.