Kiki de Montparnasse, 1928
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Pablo Gargallo (Maella, Zaragoza, 1881 – Reus, Tarragona,
1934) es una de las más destacadas y trascendentes
individualidades del arte moderno y un
creador fundamental y decisivo para la Evolución de
la escultura del siglo xx. Con una sólida formación tradicional,
que consolida en la Barcelona modernista y
amplía con sus viajes a París en 1903, 1907 y 1909, a
partir del segundo comienza un lento pero muy firme y
fructífero proceso de investigación en el uso de nuevos
materiales metálicos (chapas de cobre, hierro, latón
y plomo) y en la búsqueda de un lenguaje personal
e innovador.
Sin abandonar el campo de la figuración y manteniendo
hasta el final su interés preferente por la representación
del cuerpo humano, a lo largo de apenas tres
décadas (que se reparten entre Barcelona y París) logra
desarrollar un apasionante proceso de liberación
física de la escultura, ya que desde el bulto redondo (que siguió practicando y depurando incansablemente
durante toda su vida a través de la faceta clasicista
de su trabajo, en la que también es una primerísima
figura) y mediante la inversión de los volúmenes, el
progresivo aligeramiento de la masa, la supresión total
de la materia y la fragmentación y elisión de los
elementos significantes de la figura, llegó a convertir
el vacío, los espacios inducidos y las luces recogidas —y no reflejadas— en factores decisivos de la construcción
escultórica.
Cabeza inclinada de mujer, 1908
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Esta exposición reúne, por primera vez fuera de su
sede habitual, una parte fundamental y excepcionalmente
representativa de las colecciones del Museo
Pablo Gargallo, único dedicado al artista en todo el
mundo, por lo que se trata de una ocasión también
excepcional para conocer, en extensión y profundidad,
la obra de una de las más grandes figuras del
arte del siglo xx. |
Rafael Ordóñez Fernández
Comisario de la exposición
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Es probable que Gargallo sea el más importante escultor
figurativo de todos los tiempos, porque llevó hasta
los últimos límites la esencialización de los valores
plásticos y significantes de la figura tradicional, despojándola
de cuantos elementos de volumen, forma
y materia consideraba innecesarios para representarla
y comprenderla, en el sentido visual tanto como en
el emotivo, lo que casi la transformó en un dibujo creador
de espacio.

Mujer sentada, 1922
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David, 1922 
El Museo Pablo Gargallo, creado a partir del acuerdo
suscrito en mayo de 1982 entre Pierrette Gargallo de
Anguera, hija y heredera del artista, y Ramón Sainz
de Varanda, alcalde de Zaragoza, se inauguró en el
zaragozano palacio de Argillo, en julio de 1985, con
unas colecciones muy representativas de la producción
del artista, criterio seguido en todas las adquisiciones
posteriores, de modo que las ochenta y dos
esculturas, doce conjuntos de cartones, setenta dibujos,
cuatro planchas de grabados, tres ejemplares
de los mismos y dos joyas que las forman actualmente
pertenecen a todos los periodos de su trayectoria
y representan la mayoría de los temas, materiales y
técnicas que identifican y definen el innovador y en
ocasiones revolucionario lenguaje escultórico de Pablo Gargallo.
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