La multiplicación de los orígenes.
Pilar Rodiles forma parte de ese reducido número de mujeres que, adscritas a la nómina de los ochenta, han venido elaborando en los últimos años con absoluta solvencia un discurso plástico dentro del ámbito del oscilante panorama pictórico canario.
Nacida en Tetuán (Marruecos), Rodiles ha producido una obra que en buena medida se nutre de los cálidos espacios de un desierto y un paisaje indescifrable que la pintura protege en su memoria y que ha redes cubierto conforme al persuasivo ritmo que imponen los años.
Ese círculo emblemático de los materiales y las arenas del desierto ha inspirado la trama secreta de los lienzos de Rodiles. Su similitud marca el espacio de su cultura: una señal que a veces hace como que desaparece trazando posiciones de desdoblamiento, misteriosos territorios de incertidumbre. La buena conciencia del cuadro no puede olvidar sus raíces, el de donde procede, en ese primer sentimiento de la representación. A juicio de la artista, en su producción se advierten muchas referencias cuyos orígenes se sitúan en la cultura africana. "Son referencias que se producen de una manera visceral. Sientes que tu mirada conduce siempre hacia la otra orilla y viceversa". Dios no duerme. Rodiles no duerme, porque sus territorios calcinados e intransferibles tampoco lo hacen. ¿Que nos cuenta Pilar Rodiles en sus lienzos y papeles?. Nunca lo sabremos con exactitud. Los materiales vivificados, los signos con sus compactas presencias, una señal escondida que recobra su músculo y su original sentido. La pintora revitaliza en sus últimos trabajos la ruptura:"me encuentro sumida en esa sensación de pertenecer y no pertenecer. Es prematuro descifrar las claves de una obra que empieza ahora a organizarse. La historia acaba de comenzar y el resultado será al final el que decida y explique".
Fundida a solas con sus orígenes y sus demonios y en lucha apasionada con ellos para traerlos a la luz, Rodiles trabaja en un minúsculo espacio ubicado en el que fuera enclave de conquistas y conquistadores: Vegueta. La viajera recorre otra estación de su camino.
Al igual que otras niñas, me imagino, Pilar Rodiles tenía en su infancia lápices de colores. Con ellos inventaba historias. Los trazos vigorosos de Picasso o Tapies estimulaban su creatividad. La pintura ya se asomaba por las rendijas de la memoria. "No me planteo cada hora como un hecho aislado. Cada lienzo constituyen un engranaje preciso de la historia. La pintura fluye sola, desvelándose. En cierto modo se producen en el espejo: el cuadro que te devuelve la mirada..."
La generación a la que pertenece pictoricamente ha sido puro impulso vital; desigual acierto en el contexto global de una pintura que se empieza a congelar en el anodino circuito insular. "Quizás es pronto para extraer conclusiones exactas sobre la generación de los 80. En general nos define el eclecticismo, la individualidad y la influencia de diferentes tendencias". La creadora estima que hoy no existe diferencia alguna entre pintores insulares y los del resto del país, aparte, claro está, de los condicionamientos de nuestra situación geográfica y lo que ello conlleva. La generación anterior luchaba por unos ideales, pero nuestro tiempo ha calcinado muchos mitos. Asistimos a la transformación permanente del mundo y sus enclaves, y los pintores y sus planteamientos no son una excepción.
Francisco Medina Lezcano