FRANCISCO ROJAS FARIÑA


FOTOGRAFÍAS  1958 - 2003

APROXIMACIÓN AL ARTE FOTOGRÁFICO DE FRANCISCO ROJAS FARIÑA

                                                                                                                                                                                    
    Francisco Rojas Fariña forma parte de la Historia de la Fotografía en Canarias por derecho propio. Esta afirmación no sólo se sustenta en su amplio quehacer con un bagaje de cientos de miles entre clichés y diapositivas sino en el dilatado espectro cronológico que abarca casi una media centuria. Este último aserto lo podemos corroborar con facilidad visualizando la perfectible tabla cronológica realizada en otro apartado de esta publicación.
     
    La fotografía, inventada y democratizada casi al mismo tiempo, cuando un grupo de diputados franceses propuso a la Cámara que el Estado adquiriera el invento y lo hiciese público, llegó relativamente pronto a las Islas Canarias. Conviene recordar que Luis Ignoto y Diego Pérez< presentaron seis daguerrotipos en la Primera Exposición de Arte e Industria de Gran Canaria celebrada en la capital de dicha isla en 1849 y que el paisaje isleño empieza a ser explorado y explotado a partir de 1880. El eslabón en la cadena de esta historia ocupado por Rojas Fariña corresponde al del aperturismo después de la larga posguerra, sus coordenadas temporales se extienden desde la década de 1950 hasta nuestros días. Aunque su profesionalización  parte de l96l “en un concurso organizado por la Agrupación Fotográfica y en el que formaba parte del jurado Manuel de la Peña, comenzó verdaderamente mi labor profesional. De la Peña fue prácticamente quien me descubrió. De él recibí el primer encargo: una gran colección de fotografías sobre el Plan Maspalomas Costa Canaria”; estas declaraciones nos dan la clave de dos grandes temáticas en su obra: la arquitectura. En esta década de los 60 también y por otras razones vuelve a retomar la temática que podríamos denominar etnográfica, si antes había sido Gran Canaria en especial, isla de Lobos, ahora será Lanzarote en esencia. En estos momentos su cámara da testimonio del nacimiento de las nuevas vanguardias del arte en Canarias efigiando  a personalidades tales como el grupo Zaj, los pintores Manuel Millares, César Manrique, Pepe Dámaso ... en parte el nacimiento de Gran Canaria a la modernidad, incluido su aperturismo económico al turismo, su puerto. Con  su cámara selló imágenes indelebles de paisajes vírgenes , arquitecturas y costumbres del pueblo ya desaparecidas; es la huella dramática de la realidad del progreso

     Esta exposición sobre una reducida selección de la obra de  Francisco Rojas Fariña –de ahí que califiquemos esta muestra como una aproximación a su arte fotográfico- abre un capitulo importante no sólo para la historia de la fotografía en Gran Canaria sino para la del propio fotógrafo, pues esperamos que este pretexto expositivo sirva de punto de partida para una catalogación y estudio profundo de su creatividad. Su nombre nos puede resultar poco conocido y poco habitual  en estos momentos en los circuitos del arte; pero hemos de recordar que en la década de l970 cuando se debatía el concepto  la fotografía como arte o si simplemente era una representación de la realidad y había que proscribir  la fotografía abstracta; en Gran Canaria se consigue el primer objetivo y es incluida con categoría propia en la XIII edición de la Bienal Regional de Bellas Artes  en la cual nuestro fotógrafo obtiene varios galardones. También el desconocimiento de  su personalidad artística pueda deberse a su humildad y bondad  que no viene al caso ponderar.

      Las temáticas que nos pudieran servir de parámetros para un intento de clasificación de tan extensa obra  entran dentro de las coordenadas del retratos, instantáneas, etnografía, paisaje, creatividad y experimentación propias, arquitectura rural y urbana,... cada una de ellas podría dar pie a una o varias exposiciones monográficas como ya ha hecho con César Manrique, Lanzarote,... Su arte no ha quedado anclado en el tiempo. Su temática y su técnica han ido avanzando con la sociedad y los adelantos tecnológicos. En él encontramos huellas desde el neorrealismo de la década de 1950 al conceptualismo y empleo de  la tecnología cibernética de finales del siglo XX.  Su trayectoria artística ha sido recompensada con numerosos premios locales, regionales, nacionales e, incluso, uno mundial. Sobre la valoración de su obra sigue teniendo vigencia la opinión que  en l967 emitió el crítico Manuel Olmedo: “La fotografía alcanza en estas obras jerarquía artística, porque Rojas, además de dominar los recursos de la técnica hasta lograr imágenes irreprochables, ricas en calidades, posee un penetrante sentido estético de las relaciones de interdependencia entre la luz y la sombra, y compone equilibradamente, según pautas pictóricas.”


                                                                        Pedro Almeida Cabrera
                                                                         Doctor en Historia
                                                                        Comisario de la Exposición
                                         
                                                        

                                                                          
QUE ES LA FOTOGRAFÍA. MOMENTO ACTUAL Y FUTURO...

                                                                                                                                                  Francisco Rojas Fariña

    De un modo conciso podemos decir que la fotografía es un medio de expresión, con tantas posibilidades como la misma palabra. Por lo general suele estar al servicio de alguna idea, ya sea elemental o compleja, y más o menos clara o difusa. En la funcionalidad, pues, o mejor, en el servicio, tiene la fotografía una de sus características más acusadas.

 Se ejerce en un ámbito con perfiles dilatados que se extienden casi hasta el infinito.  Puede practicarse como un simple entretenimiento, no cultivarse encumbrándola a lo más depurado del arte, sobrepasando el oficio de cada día, si se quiere, o atravesando los recovecos más insólitos de la profesión

     Todo depende del fotógrafo, de sus motivaciones y finalidades. La foto será buena, no sólo por sí misma, sino en la medida que se adecue a estas dos premisas fundamentales: el motivo y el fin.

     Pienso que estamos ante un criterio de estimación importante dentro de la estética fotográfica actual: la adecuación al origen y a la finalidad. Como decimos, las bondades emanan primero de las propias características de las fotos, y luego de la finalidad a las motivaciones, tanto al servicio que ha de cumplir, si fueran los casos.

Una fotografía sola, en el mejor de los aspectos, es como una frase suelta: que aunque sea buena en sí, enmarcada o aislada a la antigua usanza, y salvando contadas excepciones, puede resultar estéril y hasta contraproducente,  “fuera de contexto”. Digo a la antigua usanza porque la fotografía solitaria tuvo su vigencia: la época de la foto por la foto.

     El arte fotográfico nació  como una técnica. El arte estaba precisamente en la técnica, en los secretos y sorpresas de la técnica, en dominar fórmulas y resultados escurridizos; y el que lo lograba era un “creador” un descubridor. Con el tiempo, bien entrado el siglo XX, el arte se fue alejando de la técnica hasta ocupar su lugar etéreo en los aledaños de la creación y de la sensibilidad, y la técnica quedó ubicada en su lugar, como oficio puro, de soporte fundamental.

    La fotografía en sus principios fue lenta y laboriosa. Su finalidad estaba en sí misma. Hoy se ha salido del aislamiento, trasciende fuera de su marco. Es dinámica, está en relación con motivaciones y finalidades: resulta, a veces, complementaria del sonido, de la música o de la palabra. En general, de la vida toda. De aquí mis proyecciones de diapositivas sonorizadas... o el espectáculo total, si fuera necesario... (multimedia).

    Pero voy demasiado aprisa. Lo que quiero exponer es la enorme dificultad que existe para definir un hecho, denunciar una situación, comunicar un sentimiento o expresar lo que sea ..., en una sola imagen. En principio se hacen necesarias las series... o alguna explicación complementaria; sobre todo ahora que estamos en la época de las “claves fotográficas”. A no ser que se trate de una foto con vocación de premio Pulitzer

    Por supuesto,  la fotografía  sigue siendo oficio, como es lógico, y sigue necesitando su dosis de sensibilidad (a veces hasta negativa). Tanto la técnica como la creación son en estos momentos más complejas (piénsese en la fotografía digital, aquí tendríamos que abrir un paréntesis); y, sin embargo, ahora más que nunca están al alcance de todos. La técnica nos la dan  resuelta, y la creación, como siempre, anda por los linderos de la sensibilidad.

     Ampliándose el paréntesis, es de rigor manifestar que con la digitalización por ordenador se pueden reproducir, mejorar o mezclar, prácticamente todos los procedimientos fotográficos, desde los más simples hasta los más engorrosos (solarizaciones, bajo relieves, posterizaciones ...), con una precisión y una rapidez fantásticas. Siempre nos faltará imaginación para escudriñar en el escaparate infinito de sus potencias. Lo de corregir, retocar, quitar, superponer, dilatar, suavizar, enfocar, colorear, saturar... y mil opciones más son cosas de niños. Por ello, porque es un mundo de posibilidades, conviene cerrar el paréntesis y volver a los principios evidentes, a la discriminación primaria, a la sensibilidad, para domeñar paso a paso esta tremenda herramienta que es el ordenador. Pero se usará tanto que, en adelante, pocas serán las fotos del apartado de publicaciones que no sean tratadas en el ordenador para mejorarlas “sensiblemente”, o para recrearlas.

    La sensibilidad es como la facultad de penetrar certeramente en la escena de las cosas. Se abandona lo superfluo para conseguir un esquema armónico de vitalidad superior. Armónico en sí y en sus relaciones. Es un poco el sentido común de la fotografía. Ya no nos basta que la escultura, la pintura o el edificio sean buenos en sí. Tienen que ser, además, adecuados al emplazamiento, a la circulación, a las distancias, a las alturas,... Tampoco quiero decir, repito, que una sola foto, abstraída, jamás sea buena. Las hay tan potentes que no necesitan acompañamiento de clase alguna. Pero son tan pocas y necesitan unas circunstancias externas tan especiales, que la mayoría de las veces están fuera del alcance del fotógrafo individual. Tenemos que convenir que no es normal definirlo todo sintéticamente, con una sola toma.

    Pero aparte de la síntesis existen otros métodos, el analítico, por ejemplo. Si hay que acudir al análisis, se recurre desmenuzando la cuestión que sea en partes esenciales, en fotos distintas o similares hasta dar con el “quid divinum”. O también se puede recurrir al método histórico: para saber lo que las cosas son es preciso pensar o relatar cómo han llegado a ser lo que son...  y el esclarecimiento resplandece con el orden en el tiempo. O al método existencial, que es algo así como meterse dentro del asunto y palpitar con él para conocerlo íntimamente; y luego alejarse para verlo sin influencias, objetivamente, con la fría razón.

    Cualquier sistema puede ser válido... o varios reunidos: todo depende de la adaptación al asunto, al motivo y el propósito final, si aplicamos ese sentido común fotográfico, o artístico, que es la sensibilidad.

    De otro lado, cuando caemos en la cuenta de que en el  aspecto creacional existen dos cuestiones fundamentales, una emergente (creación) y otra de adaptación (crítica), comenzamos a vislumbrar la complejidad del asunto. Nos encontramos, ahora, con un problema de ida y vuelta, sin soluciones claras: se puede crear sin que nadie capte la sintonía (predicar en el desierto); o se pueden encontrar signos y matices donde no hubo ninguna intencionalidad, quizás intuiciones, por parte del autor.

    Lo que llamamos belleza se encuentra tanto fuera de nosotros como en nosotros mismos. Pero la belleza con minúscula, sin adoraciones. Se le ha dado demasiada importancia al arte. Se ha vivido para el arte sin caer en la cuenta de que debería ser todo lo contrario que el arte sin caer en la cuenta de que debería ser todo lo contrario: que el arte tiene que ser para la Vida con mayúscula. El carácter que exigimos a cualquier obra –juzgada desde el punto de vista artístico- es precisamente aquello que nos revela o sugiere respecto a la escala de valores y a la personalidad del artista, respecto a su sensibilidad, o a su intención creativa. Es claro.

    Consecuentemente, la crítica sigue iguales derroteros: la obra será juzgada según la sensibilidad del crítico, según su personal escala de valores. El constructivo resaltará los valores estructurales; el poeta, los sugerentes; el expresionista, los de cualquier tipo de mensaje; el cronista sólo dará valor a lo que pueda constituir un documento de la época; el aristotélico se fijará en la síntesis (el equilibrio entre el fondo y la forma); el existencialista...; y así sucesivamente, según, también, las costumbres y modas de cada época.

   Yo creo en todo esto y en bastante más. Todos los criterios de estimación pueden ser buenos...  moderadamente buenos ... y hasta rematadamente malos. Dependen también de las acertadas o erróneas adaptaciones al tema y a los motivos y fines, en su caso, dentro de esa compleja red de relaciones e interdependencias, que liga todos los factores en un momento determinado.

    En definitiva, que para hacer buenas fotos, como para vivir con calidad, tenemos que estar al tanto de todas las corrientes, buscar caminos, escudriñar valores y adecuarlos alas nuevas formas de vida, sin obsesionarse en el empeño. Así podremos presentir futuros modelos estéticos, que en su indudable tendencia a lo veraz, a lo simple y elemental, irán ganando en complejidad para ser más naturales y trascendentes. Digamos sociales.


    Ni la vida, que importa; ni el arte, que no importa; pueden encerrarse en fórmulas concretas, resabidas o aprendidas. Quien viva o haga fotos según normas gastadas, pertenece al pasado; y, por consiguiente, hoy se puede considerar, artísticamente, muerto para  el futuro.


                                                                          “Revista  Profesional Kodak” Madrid l972
                 
                                                                            Museo Néstor l997.  Revisado.