Fr. Vincentius Bandellus. 
Tractatus de singulari puritate perrogatiua coceptionis saluatoris nostris Iesu Christi. Valladolid: Diego de Gumiel, 1502 (Biblioteca de la Universidad de La Laguna)
 
   

Las ciencias de la documentación están conformadas por un conjunto heterogéneo de disciplinas. Aunque cada una de ellas aplica unos principios particulares y una normativa específica, todas estas materias poseen en común el estudio del «documento». De forma muy esquemática, un documento puede definirse como todo objeto que comunica algo a alguien. Y, en cierta manera, es éste el fin de la publicación que el lector tiene en sus manos. Por una parte el análisis de las piezas materiales que conforman la cultura isleña; por otra, servir como órgano de comunicación en relación con los variados aspectos de este sugerente mundo, donde esperamos que tengan cabida no sólo las perspectivas de los archiveros, bibliotecarios o documentalistas, sino también las relativas a los filólogos, historiadores, bibliófilos, editores, libreros y cualquiera que tenga curiosidad por estos temas. Así, es preciso poner de relieve que en los últimos tiempos se ha hecho patente la necesidad de una nueva revista de patrimonio documental que sirva al mismo tiempo como medio informativo de la actualidad investigadora, foro de encuentro y simple canal divulgativo.

Como territorio fragmentado que es, el archipiélago ha tenido, hasta no hace demasiadas décadas, determinadas dificultades para desarrollar su investigación humanística, técnica o científica desde una visión de conjunto y, de esta manera, prácticamente todas las disciplinas se han visto estudiadas de forma parcial, local o insular, dificultándose así el conocimiento de sus características más o menos uniformes. Pero ahora que nos encontramos en plena era de las tecnologías, que nos permite eliminar, al menos intelectualmente, las fronteras nacionales, los profesionales de la documentación comenzamos a encontrar los medios adecuados para indagar en las colecciones que tenemos a nuestro cargo y podemos confeccionar instrumentos de descripción y consulta normalizados que faciliten al investigador el acceso a documentos de su utilidad, cualesquiera que sean la localización física de la fuente y el lugar en el que se encuentre el usuario.

En esta situación, tanto los profesionales como los investigadores y, en general, cualquier interesado, deben contar con el mejor medio posible para trabajar de manera conjunta, bien sea constituyéndose en foros de debate e incluso en grupos de trabajo, o bien creando un órgano de comunicación especializado que difunda los progresos, los hallazgos y las buenas o malas noticias que surjan en dichos campos.

Lo primero cuenta con varias iniciativas que pueden ser complementarias, como es el caso de la malograda Asociación Canaria de Archiveros, Bibliotecarios y Documentalistas (ASCABID); la Asociación de Bibliotecarios Escolares de Canarias, que está cosechando buenos éxitos en los últimos años; la ya longeva y aún sana Asociación de Bibliotecarios y Archiveros de La Palma (ABALP); o la recién creada Asociación de Archiveros de Canarias (ASARCA), vinculada a ANABAD.

Lo segundo (la creación de un órgano de comunicación) no es exactamente una idea nueva, ya que precisamente ASCABID (antes Asociación de Amigos de las Bibliotecas de Canarias) contó con una cabecera dedicada a estos menesteres: la revista Cuadernos de documentación (1988), que se convirtió más tarde en Parabiblos (1989-2000). Se trataba de una publicación de factura humilde debido a las estrecheces económicas, pero supo ejercer su papel de portavoz del mundo documental canario más allá de los límites de la asociación editora, y en ella pudimos encontrar artículos sobre la historia de la imprenta en las islas, sobre nuevas tecnologías de la documentación, sobre archivos administrativos, históricos y empresariales, y, en suma, sobre la mayor parte de los campos prenotados. Los artículos eran reseñados en la base de datos ISOC del CSIC, lo cual es la mejor muestra de su estimable calidad.

Antes de esta revista ya había habido otros intentos de canalizar la información documental, y así el efímero Boletín de reseñas bibliográficas, que editaba la Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas, publicó en sus dos únicos números (1977 y 1978) útiles comentarios sobre las fuentes de investigación e interesante información destinada a poner al día a los investigadores en materia bibliográfica, algo así como la sección «Registro bibliográfico» de la revista El Museo Canario, las «Notas bibliográficas» de la Revista de historia canaria o la aún vigente «Bibliografía atlántica y especialmente canaria» del Anuario de estudios atlánticos.

Otra iniciativa exitosa precursora de la nuestra es Tebeto: anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, que comenzó a editarse en 1988 y que sigue desarrollando aún un trabajo encomiable. Tebeto se ganó de inmediato un espacio en la producción editorial de las islas, ya que vio pronto la necesidad de ocupar las parcelas vecinas de la historia, la arqueología y los estudios locales, extendiendo su área temática más allá del patrimonio documental.

Por tanto, desde la desaparición de Parabiblos no ha vuelto a haber una revista dedicada exclusivamente a estas ciencias en Canarias, y los investigadores, que antes contaban con un medio especializado en ellos, se vieron obligados a distribuir sus artículos en revistas misceláneas o en publicaciones con temáticas relacionadas sólo tangencialmente con las nuestras.

Por eso nace Cartas diferentes: revista canaria de patrimonio documental. Se trata de un proyecto independiente que tiene como característica principal la premisa de extender al máximo el ámbito de trabajo: hemos querido que la revista resultante trate del patrimonio documental en su sentido más amplio, sin limitar el concepto de «documento» a su clásica definición que lo enmarca sólo en el archivo, y ni siquiera a esa otra acepción algo más generosa que lo encierra en el soporte de papel. Entendemos el patrimonio documental, pues, como el conjunto de objetos susceptibles de contener información, cualquiera que sea su soporte y cualquiera que sea la información registrada. En principio, el patrimonio documental son todos los objetos que ofrecen información intelectual. Es decir, la base material del saber y la memoria de los pueblos. Esta definición se distancia de las recogidas en las normativas legales que distinguen entre patrimonio bibliográfico y documental. En nuestra publicación incluimos, por tanto, libros, folletos y hojas sueltas; manuscritos; documentación archivística; fotografías; grabaciones de audio, vídeo y cine; periódicos y revistas; epigrafía, etcétera. Además, entendemos que el patrimonio documental incluye tanto el acervo histórico como la documentación más reciente.

Por otra parte, creemos también que el patrimonio documental no puede ser estudiado de manera independiente de las técnicas y métodos aplicados para su propio desarrollo, por lo cual la planificación de bibliotecas y archivos, la apertura de nuevas instalaciones, la adquisición y donación de fondos y colecciones, la evolución de los métodos de trabajo o los nuevos instrumentos de descripción también tendrán cabida en la revista.

Se trata, por tanto, de una revista abierta que, por su contenido multidisciplinar, puede incluir trabajos de los más variados tipos. De esta manera, campos aparentemente tan distantes como la bibliofilia y algunos aspectos de la arquitectura podrían compartir las páginas de la nueva publicación. A este respecto, podemos recoger de manera somera una relación general de temas que podrían ser tratados en Cartas diferentes: Bibliografía, Biblioteconomía, Cultura escrita, Paleografía y Diplomática, Archivística, Edición y Crítica textual, Periodismo y Hemerografía, Conservación y restauración del documento gráfico, Bibliofilia, Ephemera, Fotografía, Cinematografía o Patrimonio oral. Además, es necesario subrayar que ninguna de las áreas citadas en esta relación debe tomarse como un espacio cerrado, sino más bien como el esbozo de algunas de las coordenadas propuestas en este proyecto.

Puede parecer extraña la cabecera elegida para esta nueva revista: Cartas diferentes: revista canaria de patrimonio documental. No se trata de un rótulo caprichoso, ya que la intención principal era encontrar un título que indicara al mismo tiempo la temática documental, su carácter multidisciplinar, su ámbito principalmente canario pero con visión universalista y, por supuesto, cierta sonoridad que ayude a identificar claramente esta publicación entre toda la maraña editorial actual. El tema de la sonoridad, asunto subjetivo donde los haya, creemos haberlo conseguido con Cartas diferentes, pero precisamente por su carácter subjetivo no vamos a entrar a valorarlo más por el momento.

La canariedad universal queda explicada por el propio origen del título, ya que proviene de la emblemática obra de Cristóbal del Hoyo Solórzano y Sotomayor (1677-1762), marqués de la Villa de San Andrés y vizconde de Buen Paso, titulada Cartas diferentes, a diferentes assumptos y a un assumpto mismo. El autor es uno de los personajes más interesantes de la historia isleña, un noble pícaro, un poeta libertino, un aventurero ilustrado, cuya azarosa vida ha eclipsado hasta fechas muy recientes su profundidad intelectual y literaria. La obra que da título a la revista es una colección de cartas, reales o ficticias, que supone una rareza bibliográfica por sus peculiarísimas características formales y de edición. El autor y la obra merecen ser rescatados por una empresa tan ambiciosa como la que proponemos, y al mismo tiempo esperamos que la revista, con el paso del tiempo, acabe ganándose por méritos propios el derecho de apropiarse de tan ilustre denominación.

La revista será canaria, como dice el subtítulo, pero no canarista. Por eso no se trata de una revista de patrimonio documental canario, sino de una revista canaria de patrimonio documental. El matiz no es un asunto secundario, porque si bien el conocimiento de la documentación de las islas es uno de los principales objetivos que nos hemos impuesto, también es cierto que es imposible conocer este patrimonio mediante un aislamiento regionalista que nos cierre los ojos al resto del mundo. Para estar en condiciones de mejorar la situación de nuestras colecciones hemos de saber cómo se está persiguiendo el mismo objetivo en otros lugares, y la única forma de hacerlo es abrir nuestras puertas a las mejores influencias, vengan de donde vengan.

En cuanto al carácter multidisciplinar de la publicación, tal vez nos bastará con buscar segundos sentidos a la palabra cartas. Epístolas, facturas, mapas, contratos y otros innumerables tipos documentales reciben la denominación de carta, un término que, al igual que el de documento, queremos entender en su sentido más amplio, para abarcar, como hemos dicho, todo cuanto esté relacionado con los soportes de la cultura. El adjetivo diferentes nos ayuda a resaltar esta polisemia, ya que nos permite imaginar simultáneamente todos los tipos de cartas existentes, pero además queremos entender que el adjetivo se refiere a la publicación que ahora nace, porque nuestra intención es que acabe distinguiéndose de las revistas al uso, ya sea mediante su temática especializada, mediante la singularidad de sus aportaciones, o mediante su diseño cómodo y normalizado. El título Cartas diferentes: revista canaria de patrimonio documental parece tener ahora, después de su análisis, otra pertinencia y otra sonoridad algo menos subjetivas que hace unos instantes.

Los que estamos comprometidos con hacerla posible confiamos en que su sonido acabe teniendo el mismo ritmo, cadencia y armonía que deseamos para el mundo de la documentación en Canarias.

Página anterior


© Cartas diferentes: revista canaria de patrimonio documental
Webmaster