José Luis Gallardo cumple 75 años

DIEGO TALAVERA

Ayer cumplió 75 años el escritor, crítico y poeta José Luis Gallardo. Lo conocí a finales de 1973 en una exposición en la Galería Tahor de su hermano, el recordado y admirado escultor Tony Gallardo; los dos ya eran para los jóvenes de mi generación una leyenda. Fue un encuentro fugaz del que posiblemente no se acuerde. Apenas hacía diez meses que había salido de la cárcel tras cumplir cuatro de los ocho años que le había impuesto un Consejo de Guerra Sumarísimo por los conocidos sucesos de Sardina del Norte junto a otros compañeros del PCE, entre ellos su propio hermano. Es difícil de expresar el afecto que le profesé a partir de aquel día y que continúa en la actualidad. Afecto que se unía a la admiración que ya sentía por su lucha como militante antifranquista, agitador cultural en Latitud 28 y su cálido humanismo. Dos años más tarde tuve la oportunidad de vivir con él, haciendo de compañero de viaje y testigo periodístico, el nacimiento y la actividad del grupo Contacto 1. Allí estaban también en primera fila, además de su hermano Tony, los artistas Juan José Gil, Juan Luis Alzola y Leopoldo Emperador. José Luis Gallardo ha sido para mí desde siempre espejo de lo luminoso, lo optimista y lo esperanzado. No sólo había sido un luchador contra una dictadura políticamente represiva y culturalmente mediocre, sino que sus principales características, además de sus enseñanzas y vivacidad intelectual, eran las de un dinamitero, un refutador de los lugares comunes, de los estereotipos, de los dogmas y las verdades supuestamente inapelables. Creo que fue una figura clave en la gestación y desarrollo de Contacto 1, aunque este detalle pasara desapercibido para muchos. Recuerdo las conversaciones de esa época con los componentes del grupo, a los que se unía los hermanos Antonio y Octavio Zaya, donde José Luis Gallardo insistía en que había que crear otro tipo de ser humano. Siempre se sintió identificado con los humillados, abandonando todos los valores burgueses de su generación para refugiarse en el axioma supremo que él confesaba debía ser el de todos los revolucionarios: cambiar la vida, transformar la sociedad. Yo creo que esa actitud ha sido una constante en su vida y en su amplia obra periodística de los últimos 25 años. Los lectores de este periódico son testigos de lo que digo. Su posición política, siempre insobornable, y su pulcritud moral lo hace merecedor de esa aureola de los grandes elegidos en Canarias.


PUBLICADO EN LA PROVINCIA el 1 diciembre de 2002.