Nocturna Free
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Por Antonio Aguiar |
Con Manolo coincidí en 1986 en la
entonces Consejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.
Ambos compartimos un mismo espacio con dos despachos contiguos,
hecho puramente casual, ya que él ejercía como asesor del Consejero
y yo como letrado de la Consejería. Allí tuve la fortuna de conocer
la personalidad irrepetible de Manolo.
A nivel general, su paso por la
Consejería dejó huella: baste citar el Centro de arte LA REGENTA,
que proyectó con un entusiasmo solo comparable a la incredulidad de
algunos necios, y aquel era enorme. En el verano de 1987 dejó el
cargo, tras las elecciones autonómicas de aquel año.
Mas tarde, a finales de la década
de los ochenta, disfruté con él muchos y buenos ratos de ocio en el
CUASQUÍAS de la calle Venegas, cerrado en 1990 y reabierto en
la zona Triana (San Pedro) en 1994. En aquel local de la calle
Venegas un grupo de amigos, entre ellos Manolo Padorno,
"cometimos" más de un desconcierto bajo la marca NOCTURNA
FREE. Este grupo lo integraban, además del propio Padorno, Luis
Sosa, Carlos Álvarez, Miguel Colorado, Morgan y otros que se iban
sumando de forma inesperada. José A. Alemán constituía todo el
público que asistía con absoluta puntualidad cada lunes; le
acompañaba, eso sí, Toñín Barrera, fundador de CUASQUÍAS, sin
cuyo concurso aquello no hubiera sido posible (era quien tenía las
llaves del local).
Según palabras del propio Padorno,
se trataba de hacer de la peor manera posible el denominado "malrock
canario". Quienes supieran tocar, o estando instruidos ejecutaran la
inexistente partitura con armonía, debían reconducirse por
los malos senderos. Recuerdo el debut de este grupo,
absolutamente desconocido por el gran público, como era deseo
expreso de su fundador. En la alocución de presentación, Manolo dijo
lo siguiente: buenas noches: hoy se
presenta un nuevo grupo antimusical que aspira a verse sorprendido
con la peor música canaria; es el MAL ROCK CANARIO. Tal es así, que
los temas que vamos a ejecutar, cuyo número no puedo precisar por
desconocerlo, van a ser conocidos por Vds. y por nosotros al mismo
tiempo.
Años después lo podíamos encontrar
paseando por la orilla de la playa de Las Canteras, siempre con el
mejor de los talantes. .
En fin, fueron intensos y variados
los momentos que por suerte viví al lado de este amigo que se nos
fue el 22 de mayo de 2002. Sirva este texto como despedida a un
hombre necesario. Me queda la atemporalidad en el vivir, la cercanía
en lo humano, la lejanía en lo accesorio, el entusiasmo en los
nuevos proyectos, que me los guardo para siempre. Gracias Manolo.
| Antonio Aguiar |
| Mayo de 2002 |
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