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MANUEL PADORNO |
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Mirar y vivir en
Punta Brava |
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Por Luis Sosa |
Al mirar el mar desde Punta
Brava puedes ver los surcos de las barcas en el mar hasta el
horizonte y más allá. Se ven los caminos trazados en el agua por los
camineros del alma que llegan y van de un lugar a otro, formando
estructuras de pensamiento para más tarde regurgitarlas a todo el
que lo desee.
Las gaviotas llegan, siguiendo
esas sendas ocultas a los humanos que no se asoman en Punta
Brava. Planean y hacen cabriolas para comer en las calles del
océano, una vez saciadas se pierden en el Árbol de Luz,
agazapándose en los sueños, donde los objetos toman apariencias
inusitadas para luego en perfecta formación angular acercarse a la
Punta y compartirlos con el hombre que mira soñando.
El hombre camina por la playa
buscando a Anarda, mira todo cuanto acontece a su paso, a la
muchacha que con la ventana abierta no se sabe observada, al perro
que se le enreda en los pies ladrando (déjenlo), las nubes, las
gaviotas, las barcas, las palomas, los bañistas, los náufragos de su
tierra, sentados en su roca removiendo los callaos, impenitentes,
hasta encontrar el suyo. Indefinidos, temerosos de ser saqueados de
sus piedras encontradas por azar en el reflujo de la ola de espuma,
batiendo la orilla de las islas, cambiando a cada instante los
limites de su tierra.
El
caminante, Nómada Urbano, conocedor de los secretos de las
ciudades, de sus gentes, sus plazas, su arquitectura. Mira los
edificios y viaja para conocer los de otros lugares, le interesan
las formas puras, como se encuentran las líneas relinchado en la
mañana y como se sosiegan en la noche cobijando al peregrino.
Busca a Paladio, lo persigue. Cuenta como Alejandro de la Sota clavó
una espada en Castilla... Nunca para de hablar de la relación entre
la arquitectura y las artes, del Giotto, de Piero de la Francesca,
de Richard Long, de Arshile Gorki y todos los artistas de la Costa
Oeste. W. de Kooning le fascina y rinde homenaje a Philip Guston...
Seguiremos oyéndole siempre, como el Oyó crecer las palomas.
Tu salto a Madrid, Manuel,
termina de nuevo en Canarias, cuando vuelves trasmitiste a los
jóvenes creadores tu infinito entusiasmo. Ellos te escucharon.
Y
ahora en Madrid iniciaste tu último paseo por tu carretera abierta
en el mar, Domingo Rivero dejó el camino marcado para ti.
Luis Sosa
22 mayo de 2002. 17,00 horas