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Esta
excepcional e inigualable exposición de obras flamencas localizadas
en la Isla de La Palma se erige en prueba fehaciente de cómo
gracias a la devoción popular este patrimonio ha perdurado hasta
nuestros días como auténtico “fruto de la fe”.
Estas piezas constituyen un referente para otros legados de Flandes
que se hallan en diversos rincones de Europa. También ellas tienen
cabida en esta muestra itinerante.
Es una sorpresa para quien contempla el panorama artístico que
ofrece el Archipiélago Canario, y más concretamente La
Palma, a casi cuatro mil kilómetros de distancia del norte de
Europa, encontrar este cuantioso legado de arte traido de Flandes a
lo largo de los siglos XVI y XVII. Lamentablemente, a causa de incendios,
deterioros, descuidos, ignorancias, enajenaciones clandestinas y saqueos,
los inventarios que sí nos han llegado acusan numerosas pérdidas.
Sin embargo, nuestra Isla conserva todavía un excelente museo
de arte flamenco, tanto escultórico como pictórico, integrado
por piezas tan relevantes en número como en calidad.
Haciendo historia, comprobamos que numerosas familias procedentes de
las antiguas provincias de los Países Bajos, atraídas
por el creciente comercio del azúcar, se instalaron en la Isla
e importaron obras artísticas para sus oratorios privados y para
las primeras capillas e iglesias que se iban construyendo. Comerciantes
flamencos como los Van Dalle, presididos por Pablo con sus hijos Pedro
y Jerónimo, potenciaron los ingenios azucareros de Argual y Tazacorte.
También los Monteverde -castellanización del apellido
original Groenenberghe-, capitaneados por Jacob. Su nombre en las islas
siempre se conoció como Jácome de Monteverde. Muchos otros
llegaron y, de esta manera, también arribó a nuestras
costas este valioso catálogo de esculturas y pinturas flamencas,
muchas de ellas presentes en esta muestra.
A cambio de los azúcares primero y del vino del malvasía
después, vinieron de los talleres de Bruselas, de Amberes, de
Brujas y de Gante esculturas, trípticos y tablas pintadas, “a
través de las cuales tuvieron las islas cumplidos ejemplos del
arte flamenco del último gótico y del Renacimiento, de
los gustos manieristas y del barroco cercano a Rubens y a Van Dyck”.
En palabras de su comisario, Fernando Checa, “la exposición
parte de una idea de la Isla de La Palma, que quiere recuperar y poner
en valor el patrimonio artístico suyo de pintura y, sobre todo,
de escultura flamenca”.
Una extraordinaria idea que hizo que las instituciones palmeras se pusieran
en contacto con la Fundación Carlos de Amberes, fundación
privada sin ánimo de lucro, inscrita en el Protectorado de Fundaciones
del Ministerio de Cultura, que promociona el arte flamenco en España.
A partir de entonces, se puso en marcha un ambicioso proyecto que cuenta
con el patrocinio y apoyo del Gobierno de Canarias, el Cabildo Insular
de La Palma, el Obispado Nivariense, la Vicaría de la Isla, la
Comisión Europea (Educación y Cultura - Cultura 2000),
la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (SEACEX),
la ciudad de Gante, Fortis Bank y Virgen Express.
Forma parte de un proyecto global de estudio del arte que los hacendados
flamencos dejaron a su paso por la Isla de La Palma a finales del siglo
XV y todo el XVI, y que incluye, además de estas exposiciones
y su catálogo, el Congreso Internacional El arte flamenco
en la ruta Atlántica del azúcar, Estudio y Conservación
de un patrimonio europeo común (Universidad de Lisboa, del
31 de marzo al 2 de abril de 2005).
Como en el arte flamenco la escultura se concebía también
para el comercio y la exportación, hay piezas similares no sólo
en Flandes sino en Castilla, Portugal y en toda Europa incluida Canarias.
Acerca de esto, Checa informa de que, “investigando estas rutas
y partiendo de los ejemplos iconográficos de la Isla de La Palma
se trata de buscar paralelismos de las piezas formales con piezas flamencas,
españolas y portuguesas. Por eso en la exposición se encuentran
series de piezas como Santa Ana Triple, la Piedad o el Calvario, en
donde son patentes estas afinidades”.
Las restauradoras del Cabildo de La Palma y coordinadoras de la restauración
de las piezas de esta muestra, Isabel Concepción Rodríguez
e Isabel Santos Gómez, nos informan acerca de las diferencias
y similitudes entre las piezas de Flandes y de La Palma.
Podemos comprobar
que aún en nuestra Isla sigue existiendo devoción a estas
obras de arte que se veneran en los altares, de manera que, “cuando
perdían la policromía, se volvían a repolicromar”.
Otra de las cuestiones abordadas por las mencionadas profesionales es
el hecho de que también las piezas españolas han evolucionado
según las costumbres. Así, se les cambiaba de postura,
“cortándoles miembros, añadiendo corona, vistiéndolas,
calzándolas y añadiendo todo tipo de aditivos devocionales”.
Un ejemplo es el caso de la extraordinaria pieza de Nuestra Señora
de La Encarnación, entronizada en la parroquia homónima
de Santa Cruz de La Palma. Es la imagen elegida para el anuncio de la
muestra. Se trata de una escultura en madera policromada y dorada de
105 centímetros de alto, procedente de Amberes a fines del siglo
XV, renovada y estofada por el prestigioso artista Bernardo Manuel de
Silva (1655-1721). Concepción y Santos también hicieron
mención a este magnífico “maestro del arte de pintor
y escultor”, como él mismo se autodenominó en 1694.
Sobre este particular, Miguel Monteverde y Benítez de Lugo, en
sus Noticias sobre la fundación y demás cosas referentes
a la ermita de la Encarnación (manuscrito inédito
fechado en 1855 y recogido por el profesor palmero Pérez Morera),
decía lo siguiente acerca de esta imagen mariana: “como
la vestian hasta de negro, según las festividades de la Yglesia,
la maltrataron tanto que en 1568 y en 1665 fue preciso que la barnisasen
y dorasen de nuevo; y lo mismo se hizo en 1705 por el maestro Bernardo
Manuel. Desde este año acá se conserva bien esta escultura
porque solo se le pone manto de tela en las festividades principales”.
Recordemos las palabras del obispo Martínez Ceniceros, cuando
en el mandato episcopal del 29 de noviembre de 1602, a raíz del
“abuso que ay en el bestir de las ymagenes bistiendolas todas
aunque no tengan necessidad de ello y algunas con profanidad (...) como
mugeres del siglo (...) por tanto mandamos que las ymagenes que estuuieren
hechas de talla con su ropaje y enmatiçadas bien y decentemente
que no se uistan ni se les ponga otra uestidura encima y las que les
faltare matiz se les procuren poner de manera que esten decentemente
ordenadas...”.
En cuanto a las piezas belgas, las restauradoras nos informan de que
el motivo por el que la mayoría presentan la madera de roble
en su color, ya sin policromía y se hallan en museos y en colecciones
privadas, ha sido por haber perdido la función para la que fueron
creadas, sobre todo tras las guerras de religiones.
Por último, nos aclaran que las imágenes de Flandes son
más pequeñas que las de La Palma porque en esta Isla posiblemente
“se encargaron exclusivamente para retablo y de ahí su
mayor tamaño”. Esto lo podemos apreciar en el catálogo
de estas obras de arte custodiadas en nuestros templos.
BIBLIOGRAFÍA
MIGUEL DE MONTEVERDE Y BENÍTEZ DE LUGO, Libro III de cuentas
de fábrica, Noticias sobre la fundación y demas cosas
referentes á la Ermita de Nuestra Señora de La Encarnación,
1855.
PÉREZ MORERA, Jesús. Silva. Bernardo Manuel de Silva,
Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y
Deportes, Gobierno de Canarias, 1994.
- La Cultura del Azúcar. Los ingenios de Argual y Tazacorte,
Cabildo Insular de La Palma, 1994.
NEGRÍN DELGADO, Constanza. «Escultura». Arte
Flamenco en La Palma, Consejería de Cultura y Deportes,
Gobierno de Canarias, 1985.
«Exposiciones», Restauración y Rehabilitación.
Revista Internacional del Patrimonio Histórico, Madrid, enero
de 2005.
DIAZ PADRÓN, M. «Pintura». Arte Flamenco en La
Palma, Consejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias,
1985.
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